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En las escuelas de Enseñanza
Secundaria Básica, que constituyen un puente entre la niñez y la
adolescencia, es decir, entre la escolaridad primaria y la
secundaria, no se practica lo suficiente la lectura en voz alta. Las
razones son numerosas y muy variadas: los chicos se traban porque no
leen fluidamente, se niegan a leer, la lectura es constantemente
interrumpida por risas, chistes o acotaciones sin interés, no
tenemos tiempo en la clase... Sí, sí. Todo eso ocurre, claro. Pero
no veo cómo lograremos que los chicos aprendan a gozar del sonido de
las palabras, ni que encuentren la armonía en la cadencia de las
frases si no los ayudamos a leer en voz alta.
Para realizar esta
práctica, que me parece fundamental llevar a cabo en la escuela,
elijo a veces envolverla en otras actividades, y la del teatro leído
me resulta particularmente atractiva. Hay que ensayar tantas veces
la obra que, sin querer, la lectura en voz alta se vuelve frecuente,
pero no como un fin en sí misma, entonces se la mejora, se la pule,
se la practica.
Para poner en
escena una obra no es necesario que la aprendan de memoria, sobre
todo si es extensa. El trabajo con títeres suele solucionar dos
inconvenientes: el de la memorización y el de la vergüenza de
actuar, a la vez que es útil para la práctica del teatro leído.
A
continuación les presento fotos de algunas de las obras que hemos
llevado a escena en las escuelas, en contextos carentes prácticamente
de todo, pero con
éxito en cuanto a las expectativas de clase que nos habíamos
trazado.
¡Se abre el telón!
Representaciones de títeres o de
actores realizadas
en las escuelas por mis alumnos:
Tristán e Isolda,
versión de Horacio Guido
El Principito, Antoine de
Saint-Exupéry
El Fantasma de Canterville,
Oscar Wilde
Farsa y justicia del Corregidor,
Alejandro Casona
La Tercera Palabra,
Alejandro Casona |