Lectura y Escritura

Una pluma azul

 

 

 

BITÁCORA DEL AULA - Abril 2011 - BITÁCORA DEL AULA

 


 

 

Las palabras y las voces

 

Por: Verónica Wiedrich

 

 

 

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El recreo terminaba unos minutos antes de la hora pautada y la preceptora gritaba como enloquecida a los alumnos.

Unos malhumorados, otros burlones, unos cuantos indiferentes caminaban lentamente hacia las aulas sin hacer caso de nada.

La preceptora, que no había gritado lo suficiente, nos gritaba ahora a los profesores que tratábamos de entender por qué

siempre toca el timbre de vuelta a clase antes de hora. ¿A quién le grita esta mujer?...

Una mujer que no sabe hablar a los alumnos ni a sus compañeros, que no puede hacerse entender si no es a los gritos…

Una mujer que no sabe que el grito frecuente y sistemático le hace perder respeto y autoridad

y con ellos queda desdibujada su función dentro de la escuela.

Nuestra forma de expresarnos, las palabras que elegimos, el tono de nuestra voz y nuestros gestos dicen mucho sobre

nosotros. Hablan de quiénes somos, de cómo pensamos, y especialmente del lugar que le asignamos al otro en nuestra vida

(un lugar profesional, familiar, amoroso, amistoso, etc.), de la atención y respeto que le dedicamos.

Nuestra forma de hablar

transmite nuestra manera de entender la vida y las relaciones con el prójimo,

ese otro distinto con quien compartimos años, jornadas, momentos o segundos.

Una vez, hace unos años, subí a un colectivo y dije instintivamente Hola al conductor antes de pedirle el boleto.

Me miró como

si no me comprendiera! No creo que le haya molestado, más se debe haber sorprendido

por una práctica de saludo a la que está desacostumbrado.

Es cierto que en ocasiones, sólo en contadas ocasiones, se impone un grito…

Dos alumnos tomándose a golpes en el aula o

una guerra de naranjazos durante el recreo, bien justifican elevar el tono de voz por sobre el griterío reinante.

Pero en esos casos,

la efectividad del grito está dada por la sorpresa, porque no es habitual,

entonces indica que algo se está yendo de las manos

y no lo vamos a permitir.

Cuando el grito y la agresividad se institucionalizan, interfieren en la comunicación, entorpeciéndola

y generando la falta de eco (respuesta) en el otro o, aún peor, la respuesta violenta.

La forma de comunicarnos con las personas afecta significativamente las relaciones que establecemos,

enriqueciéndolas o deteriorándolas, según el caso.

Las palabras y las voces son nuestras. Nosotros somos palabras y voces, ideas y tonos, gestos y miradas.

Cuidemos de desparramarlas con suavidad y firmeza, para que lleven con ellas afecto, respeto y autenticidad.

 

 

Los invito a reflexionar con

Enrique Pinti y Alejandro Dolina sobre las palabras y los gestos

 

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