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Con los chicos de 2º año leímos
Los ojos del perro siberiano,
una bella y agria historia de Antonio
Santa Ana.
Les propuse ampliar la lectura y
enriquecer la interpretación
con
este material
relacionado con los intertextos de la novela,
pero apenas unos pocos aceptaron la propuesta.
Como cierre, y para aprovechar tanto
celular encendido en las clases de Lengua,
se me ocurrió una exposición
fotográfica que,
a la vez que adornara la galería de
la escuela, representara algunos valores
que transmite la historia de Ezequiel
y su hermano.
La profesora de Música nos pasó la
partitura de la Suite de Bach para chelo
y sobre ella, iluminada tenuemente
por una vela, cada uno en su casa tomó la foto.
Luego, seleccionamos algunas ideas
importantes del libro
que habíamos comentado especialmente
en clase
y las intercalamos entre las fotos.
Nuestra galería quedó engalanada
durante más de un mes
y cada vez que nuestros pasos la
recorrían,
las fotos susurraban que el afecto es
más dulce que la piedad,
que los sueños son para cumplirlos
y que los desafíos están para
superarlos!
Si la cuerda no fuera delgada no tendría gracia
caminar por ella. (A. Santa Ana)

Tal vez lo bueno de los abismos es que se pueden
hacer puentes para cruzarlos (A. Santa Ana)

Sospecho que uno se hace lector para completar lo
inacabado. Para completarse. (A. Santa Ana)

Como notarán al ver las fotos, todo lo hacemos a
pulmón,
con los pocos y rudimentarios materiales que tenemos
a mano.
Duele cuando algunos chicos no toman las
oportunidades de aprender,
cuando no se interesan siquiera por conocer una nueva
historia
(¡no se nos ocurriría pedirles que traigan el libro,
o que abran la carpeta para escribir algo,
mucho menos que apaguen los teléfonos para prestar
atención!),
duele cuando se nos hace tan difícil ENSEÑAR,
eso que amamos hacer...
Pero en ocasiones, en medio de nuestra desazón, en
condiciones más bien áridas,
florecen algunas rosas, no creen?
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