Lectura y Escritura

Una pluma azul

 

 

- Micro-relatos -

Producciones del Taller de Escritura a distancia de la Pluma Azul

Partiendo de algunas frases iniciales hicimos un primer intento con el micro-relato

 

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Te presento

Andanzas

mi libro de relatos de viaje en moto por Argentina

 

 

 

El orden es azaroso y no supone una valoración de los textos

 

Micro-relatos de Fausto Serrot (Gral. Roca, Río Negro)


Esfera asesina

Caigo del cielo atravesando nubes bajas a gran velocidad, antes he subido a gran altura engordando, creciendo, aumentando de tamaño.
Ya puedo divisar la tierra pero todo es difuso por el vértigo de la velocidad. De repente un choque inevitable, involuntario que amortigua mi caída hasta llegar al suelo. Ahora entre la hierba y hojas secas me desangro lentamente hacia la acequia, oyendo al chacarero maldecir y lamentarse por no tener seguro contra granizo.


Justicia por ola propia


El mar se levanta frente a nosotros formando una enorme pared de agua ennegrecida que se vuelve de plata como espejo a la luz de enceguecedores relámpagos. Es tan alta que no se deja ver su cresta pero la imagino llena de espuma blanca, espuma de rabia poseído, furioso y dispuesto a cobrar venganza por el daño que sufre día a día.
Estoy paralizado de terror, como soldado a la baranda, el ruido es ensordecedor, crujidos, truenos, los golpes del agua salpicando por doquier. No puedo huir, no sé si quiero.
De repente un tironeo y unos gritos me despiertan, una cara frente a la mía con ojos desorbitados gritándome desencajado ¡Capitán, vuelva al timón, cierre la puerta y sáquenos de aquí. Por amor de Dios, el resto somos todos inocentes!

Que no se corte

Las luces se apagan y las fantasías se encienden, una o varias por cada uno de los presentes, como todos los días
Oigo las risas, también los aplausos. Oigo llantos, oigo gemidos, oigo los ruidos y en los silencios oigo latidos –de verdad.
Oigo, solo oigo, las luces están apagadas y solo hay penumbra, además mi vista no es muy buena para curiosear por la pequeña rendija hacia abajo. Así que la miro una y otra vez, tantas veces al día que mis fantasías como las luces están apagadas. Lo que espero es que el proyector no falle, no se corte la cinta ni se corte la luz ; en fin, que no se corte la suerte.



Micro-relatos de Amparo  en el país de las maravillas (San Fernando)



- El mar se levanta, se levanta hasta tocar la parte norte del cielo, se levanta, y se levanta mas y mas el mar, deja parte de gotas mojadas en las alturas del cielo sur, del cielo bañado, se sigue levantando el mar, tan alto que le lava la cara a Dios y baña los pies de sus sirvientes . Se levanto tanto el mar que se quedo sin agua.


-
Caigo del cielo, con mis zuecos verdes y mi vestido veloz, colecciono los gestos de los que transitan por el pasaje, calco cada de uno sus movimientos vulgares. Me detengo y me observan con sus miradas ausentes, y yo como si nada. fragmento el hechizo de esas miradas, para volver otra vez a caer a del cielo y llevarme de ellos esos gestos poco común en mi vestido veloz y en las suelas de mis zapatos verdes.


-
Las luces se apagan y se extingue la noche, cada sentimiento se contiene entre la vigila y el sueño, la noche hace ruido, ruido en el cuerpo doblegado. Las luces se apagan y sigo sedienta y desvalida como quienes imaginan con un cántaro en medio del vacío.


-
Me pican las plumas, con mis sentidos apenas puedo acariciarlas
Estoy inundada en lentas peregrinaciones oscuras que se pelean en una olvidada atmósfera de húmedas y acarameladas sensaciones, siento como se derrumban como agua rota, como aire cortado...... mientras yo término con mis sentidos entre ondulaciones blancas saliendo de tu sombra recorrida y degustada para poder despojarme de un sueño frágil en este otoño balsámico



Micro-relatos de Salitroso (Fernández Oro, Río Negro)



Caigo del cielo a toda velocidad. La punta de mi zapato choca contra una estrella. Me mareo. No veo nada. Me duele el dedo. Las rosas se escapan de mi mano. La rodilla derecha pega su rostro contra la Luna. Un cometa que viaja de un lado a otro me embiste de atrás. Herido de muerte reboto contra una nube, y otra, y sigo cayendo. El suelo está cerca. Las primeras lágrimas mojan el frío asfalto. Inconsciente exploto contra el suelo. Mi corazón saltó a su mano tierna y delicada. Sus ojos permanecen cerrados. Sus labios todavía lucen mojados. Por favor, no vuelvas a besarme.

El mar se levanta y recuesta su espalda contra el cielo. Las primeras olas marchan para la playa. El bosque y todos sus árboles se ubican a la sombra de la montaña que aún luce algo dormida. También llegan los meandros, los rápidos, las cascadas. Cada uno a su lugar. Rápido, rápido. El Sol llega tarde y queda tapado por las nubes que se repartieron por todo el cielo. Ya está todo listo. La gente del pueblo ya puede despertar. Un nuevo día nace en Macondo.

Me pican las plumas y es insoportable. No falta tanto. Camino de un lado a otro. Me rasco con la corteza del árbol y sigo caminando. Tengo que aguantar. Agarro un palo de escoba y me rasco los pies. La bruja me lo quita y sale corriendo. El chancho se ríe jocosamente. Nunca me llevé bien con el chancho. La flor me da un pétalo e intento calmar mi suplicio. Acabo de romper un pedazo de rosa y todos me miran enfurecidos. Restan un par de minutos y la picazón ya está en todo mi cuerpo. La desesperación me empujó al piso. Me doy vuelta para un lado y para el otro. Me paro y me vuelvo a caer. No puedo mantenerme en pie. Llegó la hora. Se levanta el telón y todo el público comienza a reírse, menos mi mamá.

Las luces se apagan y la luna se esconde lentamente. El miedo se apodera del parque. Las hojas huyen en la última brisa de la noche. El cielo se lastima. Los pocos latidos que aún le quedan aceleran su ritmo, como asustados, como escapando. Los ojos viejos se llenan de desilusión. Sus brazos caen vencidos, las piernas se relajan y la cabeza reposa en el respaldar del único banco que queda en pie. Las ganas de levantarse y seguir caminando se rinden sin pelear. El dolor prefiere no trabajar y la muerte deja la rama desnuda. El cielo suelta las primeras gotas. Sus ojos llenos y nerviosos ven desplegar sus alas. Es lo último que ve.



Micro-relatos de Melu (Las Palmas, Chaco)

Viaje finito

Caigo del cielo, lenta, lenta y suavemente. Mis pulmones se llenan de aire… maravilla divina, una infinidad de matices de celestes y grises me rodean. Un giro y ¡zas! Un gris acerado, otro plomizo… un pálido celeste se estremece y desaparece…
Caigo, caigo, giro, me empuja el viento... mis cristalinos pulmones colapsan… ¡zas! No más giros, no más matices divertidos, sólo un polvoriento marrón tierra que me absorbe y la gran tormenta que se desata…

Plumas

Me pican las plumasme pican las plumas… me pican me pican ¡picanpicaaan! incansable y desesperantemente gritaba el viejo perico girando como loco en su aro colgante. Intento tranquilizarlo: ¿semillas?...¿té con leche?...¿ papita a periquito?. Nada…
Comienzo entonces a arrancar con todo el dolor del alma, una por una las fabulosas plumas de mi amigo verde, el pobre me miraba atónito y picoteaba mis manos queriendo defenderse de tan brutal afrenta…
Me pican las plumas… me pican las plumas… me pican me pican ¡picanpicaaan!... desde el fondo de la habitación, en pantuflas, camisón y almohadón de plumas en mano… la nona recién llegada de la ciudad…


Mar bravío

El mar se levanta. La mano de Dios agita las aguas. Toda la azulverdecencia de las gigantescas olas se estrella contra las que ahora parecen diminutas piedras
Un pez de un naranja resplandeciente huye buscando refugio, otro de ojos saltones y de larga cola bailarina va detrás...se zambullen en un viejo baúl repleto de plateadas monedas, vestigio de algún naufragio pirata...
_ ¡Ivo Elías! ¡Dejá esa pecera y vení a almorzar!


Terror en la oscuridad

Se apagan las lucesalgo cuya naturaleza no alcanzo a precisar, me impide la respiración. La oscuridad azota mi cuerpo Me paraliza…intento levantar los brazos, no puedo…intento mover las piernas… no puedo…una mano de férrea seda me sujeta… ¡socorro! Aunque no puedo mover los pies, siento que entro en un túnel más oscuro todavía…
¡Luces! ¡Luces! ¡Luces!… ¿dónde están?
Incesante oigo un sonido….ring…ring… ring… que golpea mis tímpanos….
Lentamente consigo liberar una mano… arrojo al suelo lo que me asfixia…manoteo en esa oscuridad atrapante… el ringring se acaba… la férrea seda se afloja y desliza…la noche concluye…la luz retorna y con ella acaba una interminable noche de oscuras pesadillas…


 

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