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Si estás
en la escuela, en el instituto, en la facultad o haciendo un curso, te habrás
encontrado con el tremendo inconveniente de que hay que
ESTUDIAR.
Esta
palabrita que parece ir perdiendo su significado debido a la falta de práctica,
(al menos, de los alumnos que acceden a la educación general básica que se
brinda en Argentina, salvo excepciones, por supuesto), es definida por el
diccionario de la Real Academia Española como "ejercitar el entendimiento para
alcanzar o comprender una cosa".
En
este concepto hay tres ideas muy interesantes: la del
ejercicio, que
implica un trabajo dinámico y de cierto hábito o frecuencia;
la
del entendimiento, que sugiere una actividad intelectual en la que
ponemos en funcionamiento nuestro pensamiento y relacionamos nuevos contenidos
con saberes previos que ya hemos incorporado;
y,
por último, la de la
comprensión, que indica que estudiar es
entender, dotando de significado el conocimiento que alcanzamos.
Ahora
bien, ¿cómo estudiar?...
No es
verdad que no haya fórmulas ni recetas, sino que las hay tantas como individuos
estudian. Cada persona conoce su ritmo, sus tiempos, su momento preferido del
día, y cada uno debe hallar el método de estudio más conveniente y que le aporte
los mejores resultados.
De
todas maneras, un primer acercamiento al texto que tenemos que estudiar es
básico: podés optar por una primera lectura más o menos rápida (depende de la
extensión del mismo) y luego realizar una segunda lectura más atenta, en la que
vayas marcando ideas principales, ideas de menor importancia, ejemplos, etc.
Algunas personas, que tienen buena memoria visual, realizan esta tarea marcando
con diferentes colores en el texto, lo que luego va a permitirles identificar
rápidamente las ideas centrales y distinguirlas, por ejemplo, de las anécdotas.
Otras personas sólo toman un lápiz y subrayan lo más importante, agregando al
margen notas personales de aprobación, de disentimiento, de incomprensión, para
volver a estas ideas en un posterior acercamiento al texto.
Luego
de estos pasos previos, hay quienes prefieren resumir por escrito el texto, a su
manera; otros hacen un resumen textual, con citas. Pero quienes confían más en
su memoria auditiva, repetirán varias veces en voz alta la lectura del texto o
de las ideas seleccionadas. Otros prefieren grabarse con su propia voz y
escuchar muchas veces la grabación, para ir fijando los conceptos.
Pero
cuidado: la MEMORIA
es necesaria para estudiar, porque aprender implica recordar
nuevas ideas, contenidos, procedimientos. Sin embargo, usar la memoria
para estudiar no significa estudiar de memoria. Memorizar sin comprender no
sirve, porque en seguida olvidarás lo que creías haber aprendido. Además, es
mucho más difícil. Notarás que muchas veces aprendiste de memoria cosas que no
estudiaste de memoria: frases, cartas de amor, poemas se te grabaron tan
fijamente que podés repetirlos sin errores y sin siquiera habértelo propuesto!
¿Por qué? Porque te habías interesado en ello, lo habías comprendido, lo habías
leído o repetido muchas veces, es decir, lo habías hecho tuyo.
Creo
que por ahí pasa la clave de estudiar: el interés, el apropiarse de los
contenidos, el desear aprender, aunque más no sea, para saber algo más.
Entonces, luego del primer acercamiento al texto: lectura rápida, segunda
lectura, subrayado, resumen, grabación, confección de cuadros sinópticos (lo que
prefieras), viene el ESTUDIO del texto. Allí tendrás que relacionar la
información nueva que estás adquiriendo con lo que ya sabés y este es un proceso
que requiere de acomodamiento de ideas en tu mente, así que hay que realizarlo a
conciencia.
Para
ESTUDIAR, elegí el momento del día que te quede más cómodo. Dicen que un repaso
antes de un buen descanso de sueño, suele dar jugosos frutos. Hacelo en un
ambiente agradable y estate bien predispuesto, ya que sin voluntad, no lo vas a
lograr.
Conversá con vos mismo sobre el tema, a fin de evaluar lo que aprendiste, o
dialogá con tus compañeros y aclaren las dudas juntos. Pero recordá que Estudiar
es un proceso individual que cada uno debe realizar a su manera.
Ahora
sí, estás preparado...
¡Saquen
una hoja!
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