Lectura y Escritura

Una pluma azul

 

 

La aventura de la palabra en la escuela secundaria:

El Cuaderno de Escritura Personal®

Por: Verónica Wiedrich (Megoty)

Publicado en REVISTA NOVEDADES EDUCATIVAS n° 232 de abril 2010

una experiencia con la escritura llevada a cabo por este sitio

 

 

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Te presento

Andanzas

mi libro de relatos de viaje en moto por Argentina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Una visita inesperada

Una anécdota sobre el Cuaderno de Escritura Personal. Y algo más...


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Empezar a escribir es crear una voz,

dejarse llevar por ella y experimentar

con sus posibilidades

Jorge Larrosa[1]

 

Cada año, al iniciar un nuevo ciclo lectivo, me planteo –con ciertas dudas pero a la vez con renovado entusiasmo- cómo abordar las prácticas de la lectura y la escritura en el aula, cómo estimular a esos chicos que esperan algo de mí, a leer y a escribir con frecuencia.

Porque no es verdad que los chicos no leen y no escriben.  Leen y escriben. Quizá no lo que nos gusta a nosotros. Quizá no lo que nos parece más constructivo desde el punto de vista de la transmisión de una herencia cultural. Es evidente que leen y escriben diferente. Diferente de lo que nosotros consideramos productivo para su formación. Leen otras cosas: textos e imágenes, y lo hacen de otra manera. Leen libros, revistas, cancioneros, cartas de amor, notas de odio, instrucciones, mensajes de texto. También escriben otras cosas y de otra manera. Escriben insultos, frases amorosas, textos obscenos, poemas, trabajos escolares. Y en variados soportes. Escriben en paredes, en pupitres, en las láminas de la cartelera, en el pizarrón con tinta indeleble, en celulares y computadoras (blogs y fotologs al día). Escriben en su cuerpo y en los guardapolvos. Y sin duda  “escriben” cuando pegan chicles en el techo o cuando rompen las canillas… Y somos nosotros quienes debemos aprender a “leer” en ese caso. A leer los signos de sus búsquedas, para abrir la puerta del aula a esos saberes “otros”, a esas prácticas que difieren de las escolares pero que definen e identifican a los adolescentes que tenemos sentados frente a nosotros, expectantes. Quizá a partir de allí podamos ofrecerles nuevos nortes desde y hacia dónde mirar.

El aula puede convertirse en un espacio donde sea posible estimular la relación entre pensamiento – lectura – palabra – escritura – experiencia – identidad, incorporando las prácticas, los lenguajes y los modos de habitar el mundo de los adolescentes, abriéndonos a nuevas miradas y ayudándolos a encontrar y a afianzar un lenguaje propio. Podemos hacer lugar a nuevas formas de entender, leer, mirar, pensar, decirse, mostrarse, ocultarse, negarse y aceptar que tienen los jóvenes, lo que seguramente redundará en la apertura de la cultura escolar hacia prácticas más interesantes y novedosas.

Considerando la lectura y la escritura como dos procesos que se desarrollan a la par y se retroalimentan, creo que en la escuela es posible ayudar a los chicos a construir sentidos con la escritura y que ésta puede comenzar a aprenderse y perfeccionarse a partir de la narración de la experiencia. Desde el punto de vista de la praxis, es un proceso recursivo que supone un trabajo que no se puede obviar en la clase de Lengua, pues se hace necesario leer y releer para escribir y reescribir, volver a los borradores para revisar los diferentes aspectos retóricos, gramaticales, sintácticos, ortográficos, que intervienen en el proceso de composición textual.

         La escritura íntima, de lo privado, revela las transformaciones en los modos de leer y escribir de los jóvenes; su escasa atención por la ortografía y su inimaginable necesidad de ser escuchados; sus talentos y sus debilidades. Y, a la vez, echa luz sobre sus miedos, sus conflictos, sus intereses y sus historias de vida. No se trata de hurgar en lo ajeno, (ni mucho menos del gastado “relato de mis vacaciones”), sino de permitir la expresión única y propia de cada uno para que pierdan el miedo a la palabra, para que descubran su escritura y se descubran en ella, escribiéndose y leyéndose, para que sepan que su voz puede y merece ser escuchada en la escuela. El relato de la experiencia íntima y personal, entonces, puede constituir -si bien no de manera excluyente- un buen punto de partida para el aprendizaje de la escritura en el aula.

Porque todavía podemos arrojarnos miles de bollos de papel con textos en borrador. Todavía podemos dibujar caricaturas sobre los tachones. Todavía podemos discutir a viva voz la mejor forma de decir una frase de amor. Todavía podemos darnos a leer y revelar nuestro mundo, ¡o rebelarnos ante él! Todavía tenemos muchas hojas que completar en los cuadernos. ¡Todavía es posible escribirnos y leernos!

 

El Cuaderno de Escritura Personal, Verónica Wiedrich

Proyecto: El Cuaderno de Escritura Personal

         A veces, la escritura se me antoja un bisturí, y el cuaderno, la sala de cirugía. Abrimos la tapa y es como si, sin anestesia, abriéramos la piel. La lapicera se desliza, ágilmente unas veces, con pesadez e indecisión, otras. Escarbamos, buscamos en el interior, hasta que conseguimos extirpar lo que molesta, lo que lastima. Cuando cerramos el cuaderno, cosemos la piel y dejamos el bisturí listo para la próxima disección. Y somos otros. Hemos extirpado el peso que nos agobiaba. El malestar que ahora, aunque sigue pesándonos, pesa también en las páginas rayadas del cuaderno. Y cuentan los que saben que la herida compartida duele la mitad.

Me preguntarán por qué me refiero solamente a la expresión del dolor, y debo responderles que en los dos años que realizamos el Proyecto, esta ha sido una constante en los relatos. Fueron muy pocos los chicos que hablaron sobre la felicidad. No obstante, no se trata de producir un mero efecto catártico, sino de la aventura del conocimiento de lo otro y del reconocimiento de uno mismo.

Buscando una forma más efectiva de enseñar a escribir a mis alumnos, y quizá también porque notaba esa herida vital abierta a flor de piel, es que les propuse esta idea de la escritura personal, que llevé a cabo con ciento cuarenta alumnos de 8° y 9° años en dos escuelas estatales de Lomas de Zamora durante 2007 y 2008 .

La propuesta: Cada alumno tenía un Cuaderno de Escritura Personal en el que debía presentar dos textos semanales de su autoría. Dado que algunos chicos son reacios a contar cuestiones íntimas a personas ajenas, las opciones iban desde textos de la vida personal, hasta comentarios de espectáculos, noticias o partidos de fútbol; reflexiones sobre hechos ocurridos en la escuela o fuera de ella, poemas, cuentos, expectativas sobre el futuro, relatos sobre textos leídos o programas de TV, etc. La condición indispensable era que todos los textos fueran propios. Mi compromiso consistía en leer los Cuadernos en mi casa, hacer comentarios escritos (que la mayoría de las veces eran solicitados por los alumnos) y guardar absolutamente el secreto de lo que leía, cosa que también era reclamada por ellos. No había evaluación formal, sólo se evaluaba conceptualmente la presentación o no del Cuaderno.[2]

Los objetivos generales que perseguía esta propuesta eran: que los chicos mejoraran sus escritos, (fundamentalmente en cuanto a los recursos de cohesión textual, a la utilización del registro y la variedad adecuados, y a una correcta puntuación; sin desdeñar cuestiones ortográficas básicas, como el uso de mayúsculas [3]), y que  pusieran en juego su subjetividad a través de la escritura para ir adquiriendo una voz propia que los ayude a reconocerse, valorarse y fortalecer la confianza en sus producciones.

Proyectos de escritura

La escritura en el aula: una experiencia transformadora

A pesar de que se alzaron algunas voces de protesta, la mayoría de los alumnos aceptó el desafío. Dos cosas saltaban a la vista al leer los textos: éstos reproducían las formas orales propias de cada chico (sin cuidado de la ortografía, la puntuación, la cohesión, e incluso con el empleo de palabras vulgares coloquiales), y evidenciaban una necesidad urgente de ser escuchados. Fue muy conmovedor para mí llegar a cada clase y encontrarme con una pila de cuadernos sobre el escritorio, muchos de los cuales pertenecían a alumnos que eran inconstantes a la hora de entregar otras actividades del área o de traer el material requerido. Y en 2009, año en que reemplazamos el Proyecto por otra iniciativa, recibí la sorpresa de que varias alumnas ¡y un ex alumno! continuaban escribiendo sus cuadernos con la misma constancia y entregándomelo para su lectura.

Numerosos relatos agradecían la posibilidad de “desahogarse”, de contar situaciones que no podían “contar en casa” y pedían consejos o hacían preguntas para conocer mi opinión sobre el tema del que trataban. Muchos chicos jugaron con las palabras, desataron su imaginación, escribieron poemas de amor, contaron conflictos familiares y personales (algunos, muy serios), o relataron sus peleas con compañeras y novios. Algunos se animaron con textos cariñosos hacia mí y otros traspasaron respetuosamente la barrera profesora / alumno, dirigiendo sus textos a “querida profe” o “Vero”, o tuteándome con un simpático “¿a vos qué te parece?”. Otros, en cambio, escribían sus relatos a modo de cartas a su “querido Diario”. Hubo también quienes mantuvieron cerradas las puertas de su intimidad y de sus reflexiones profundas, prefiriendo solamente hacer mención de las tareas cotidianas de cada día o comentar partidos de fútbol. Por supuesto, hubo un 10 o un 15% que no aceptó la propuesta y no escribió un solo texto en todo el año.

La última hoja del Cuaderno llevaba por título Sugerencias, y era allí donde yo guiaba el aspecto más trabajoso de la escritura, mediante indicaciones como “¿qué pronombre usarías en lugar de tal nombre que repetiste varias veces?” o “¿por qué otra palabra o expresión podrías reemplazar ésta, que es más adecuada a la oralidad que al texto escrito?”.

Paralelamente al cuaderno, que no podía ser escrito en clase, (¡mejor, a la sombra atardecida de un jacarandá en flor!), en el aula insistíamos con actividades de escritura lúdicas y desafiantes, llenando la carpeta de borradores y el cesto, de bollos de papel. Esas tareas tenían como finalidad incorporar los nuevos conocimientos y promover la reflexión sobre el propio uso de la lengua, fortaleciendo poco a poco los procesos de escritura de cada uno.

Primeras evaluaciones de esta aventura de la palabra

El éxito de este Proyecto sostiene la postura de que la escritura puede comenzar a aprenderse y desarrollarse a partir de la narración de la experiencia y de que es posible, desde el aula, ayudar a los chicos a construir sentidos con la escritura y a mejorar su competencia en el uso de la lengua.  Porque esta aventura de la palabra demostró:

- que se puede estimular la escritura íntima y personal en la escuela mediante una propuesta sin evaluación formal, y que ésta permite a los chicos mostrarse como personas que asumen distintos roles en otros campos sociales (familia, barrio, clubes, iglesias);

- que la posibilidad de la escritura subjetiva abre las puertas a la creatividad y a la imaginación y promueve un diálogo entre el alumno, sus pares y el docente que se da tanto en la escritura como en la oralidad;

- que la multiplicidad de formatos textuales utilizados por los chicos habla de sus saberes sobre la lengua, a la vez que pone de manifiesto sus carencias, diagnóstico a partir del cual el docente puede diseñar futuras intervenciones;

- que las buenas propuestas de escritura, (aquellas en las que el maestro está presente guiando, preguntando, escuchando, valorando), quizá no le cambien la vida a nadie, pero sí en muchos casos hacen una diferencia en las personas, motivándolas a la reflexión y a construir su mundo hacia un horizonte de mejores posibilidades;

- que este Proyecto puede implementarse en todos los niveles de la enseñanza, a partir de que los niños hilvanen por escrito sus primeras oraciones, y que puede complementarse y ampliarse con otras actividades. En nuestro caso, el mismo incluyó la lectura de fragmentos de diarios íntimos, de el Diario de Ana Frank completo, la proyección de la película Diarios de la Calle (que muestra una experiencia similar llevada a cabo en Estados Unidos), y, en una de las escuelas, el cierre con un Café Literario inolvidable, del que participaron alumnos, docentes y padres.

En síntesis, el Proyecto resultó exitoso por cuanto los objetivos generales en mayor o menor medida se cumplieron, logrando que los chicos tomaran confianza en su propio proceso creador, hallaran un modo personal de decirse y mejoraran visiblemente sus textos. Sin embargo, se lograría aún mucha mayor efectividad si se trabajaran las estrategias de escritura de manera sostenida y frecuente en todas las áreas y a lo largo de toda la escolaridad, afianzando y complejizando en el nivel secundario lo aprendido en la escuela primaria.

A nuestros alumnos les gustan las palabras, afirma Jorge Larrosa. Y también la primavera, claro. Y las sonrisas, lo mejor son las sonrisas. Pero las palabras los obsesionan...[4]

Una vez leí por ahí que en algunas tribus africanas, cuando un narrador termina de contar su cuento, apoya la palma de su mano en el suelo diciendo “aquí dejo mi historia para que otro la lleve”. Y aquí están, estimados colegas, nuestros alumnos con sus palmas en el suelo, queriendo desparramar sus voces por el mundo. ¿Les damos la palabra?


Algunos ejemplos anónimos de los Cuadernos, para respetar la privacidad de cada uno.


Folio 1

Profe: estoy más que feliz, mi hermano salió en libertad, no lo puedo creer.

Le voy a contar cómo fue: estábamos almorzando y mi abuelo nos dio la noticia. En ese momento no reaccioné y no le creía, después llamó mi hermano y me di cuenta de que era verdad. Me puse re alegre. Me agarraron muchas emociones juntas. Lo largaron a las 7 de la tarde y las horas parecían eternas. Llegaron todos los familiares y la pasamos re bien, esa noche madrugamos hasta las 5 del otro día.

Al día siguiente me desperté y parecía todo un sueño y hasta ahora parece que estoy soñando y que no puedo despertar. Se fue la tristeza que tuvimos durante mucho tiempo. Lo único que me importa es que ahora estamos todos juntos. Gracias, profe, por este cuaderno!


 

 Folio 2


           Ayer viví una verdadera pesadilla. Cuando volvía del club a la tarde me puse a esperar el colectivo en Pavón (un lugar re transitado).
           Bueno lo que pasó fue que se me acerca un chico de no más de 15 años con un arma y me lo pone en la espalda sin que nadie lo viera y me pide plata. Yo no tenía plata, entonces me pidió el celular y la verdad me dolió mucho tener que dárselo porque mis viejos se rompieron el alma para que yo cuando vaya a práctica esté comunicado con ellos.
          Pero a ellos no les importa nada, por ahí si no se lo doy me pega un tiro y no cuento la historia. Por suerte se lo di, salió a correr y me volví a mi casa re asustado.
          Estas son cosas que te marcan, que te duelen mucho, la verdad no se puede vivir así!

 


Folio 3

!Todos están contra mí, no sé por qué!
Me hace bien este cuaderno. Gracias profesora por que yo tenga un cuaderno con el cual me pueda descargar en los momentos tristes, felices y alegres. Como yo a veces no tengo con quién hablar lo escribo acá...
          A veces me gustaría ser grande y tomar mis decisiones, como por ejemplo
trabajar, casarme, tomar alcohol, fumar, etc.¡Que feo que te manden!
          Me siento mal, es de noche no salgo y además de vuelta estoy enojada con
todos, no sé qué tengo. Me hacen sentir como una nena "muy chiquita" y no me gusta...


 

Folio 4


          ¡Hola profe!
          Hoy está lindo el día, pero sigo con una tristeza... No hay justicia en este país.
Todos hacen lo que quieren. El otro día mi amiga salió de la escuela y la
violaron. La amenazaron con un cuchillo y la entraron a un auto. Yo grito o
no sé, pero no dejaría que me toquen, qué asco...
          Me enamoré. Estoy de novia y estoy muy contenta, es lindo, inteligente, no fuma, no toma de más y tiene 16 añitos. Se lo tenía que contar a alguien y la primera fue
usted profe...

 


Folio 5

En Sociales, estamos viendo la Segunda Guerra Mundial, el desastre que hizo
Hitler, los campos de concentración. Esa bronca hacia los judíos. Entonces
comentando esto en mi casa, me contaron lo que pasó en la Amia. La persona
que puso esa bomba ¿qué le pasó por su cabeza? A mí me enseñaron que todos somos iguales, no importa la raza, la religión o el color. Lástima que hoy en día todavía hay
gente que discrimina.


Folio 6

¿De verdad mis textos son buenos? Porque no pensé que le llegara a interesar a alguien lo que yo escribía. Se lo agradezco de corazón


Folio 7
 
        
Hoy estoy en la casa de mi abuela, en Río Colorado, Río Negro, alrededor de 850 Km. de la escuela, así que no voy a poder ir. A la casa de mi abuela llegué el domingo al mediodía, hoy voy a ir a visitar a un par de compañeros de primer grado que hace como siete años más o menos que no los veo, espero que se acuerden de mí.


Folio 8

Lo que me pasó esta semana fue que me peleé con mi papá porque siempre que viene deja que su novia hable y él no hace nada, siempre con mi mamá se terminan peleando e insultando.

Eso a mí me molesta mucho, aparte también me la tengo que aguantar porque mi papá en vez de defenderme a mí, la defiende a ella, y con eso se ganó que yo no vaya más a la casa.

Gracias a vos que me diste la posibilidad de mandarte este texto, que necesitaba contárselo a alguien.


Folio 9

Tantos días sin escribir que me cuesta volver al ritmo de la escritura, con respecto al texto que corregí del trabajo práctico, no sé si para usted no era interesante, pero para mí sí. Porque yo sabía que estaba atrasada con el cuaderno de escritura y me sentía con culpa. Me doy cuenta de que lo que no es importante para unos, lo es para otros.


Folio 10

Tristeza o robo.
          No sé si todos saben, el domingo se jugó el Arsenal - River y yo por supuesto lo estaba escuchando por radio con un amigo que justo es de River. Bueno empezó el partido, todo tranqui, debían ir más o menos 30 minutos, gol de River.  Bajón, pero no importa, faltaba mucho todavía y con ese resultado concurre el primer tiempo.
Empieza el segundo tiempo, gol de Arsenal ¡vamos todavía! lo grité hasta quedarme sin voz y mi amigo me miraba, me miraba. Bue si fuera por nosotros dos a los 45 minutos hubiésemos firmado el empate porque ya terminaba. pero de repente escuchamos que el referí adiciona cinco minutos más,  pero a quién mataron para que adicione tanto, por favor, apuesto que si River iba ganando, adicionaba un minuto y gracias.

Ah, no me olvido, 49 minutos gol de River, mi amigo, el Chuki, lo gritó y salió a los palazos de mi casa, encima me cargaba el caradura, por favor, quién se cree que son, ganan robando y festejan los caraduras estos.
Copié este pensamiento para sacarme la impotencia de perder un partido así y encima me tengo que bancar que un perejil me gaste ¡por favor! 

(El autor de este texto, luego de que en clase les leyera Memorias de un wing derecho, del querido Fontanarrosa, adoptó el estilo e incorporó a su cuaderno numerosos relatos de fútbol, uno más interesante que otro.)


Folio 11

Viste que te conté que volví a encontrar a Emanuel, pero lo que me puso mal a mí es que no quiere saber nada conmigo. Yo me doy por rendida, pero me cuesta dejar de pensar en él y te cuento que soy de muy enamorarme profundamente y por eso sufro mucho. Soy de golpearme, curarme y volverme a golpear. Por eso necesito que usted, Profe, me enseñe a aprender cada día un poco más.


Folio 12

Hoy en este día te escribo para decirte que me siento re mal. Yo me siento muy sola. Necesitaría el apoyo de mi mamá,  pero como no está no sé en quién apoyarme. Mi mamá sería la persona ideal para consolarme y como no está en la tierra, la necesito tanto. Ella fue una buena mamá en el poco tiempo que estuvo conmigo.

Yo siempre deseo que mi mamá esté viva, para que esté conmigo, pero sé que Dios no me la va a devolver.

Me duele mucho el alma. Los instantes más felices de mi vida me los dio mi mamá. Quizá ella hubiera deseado que yo sea una hija ejemplar, pero no pude llegar a serlo porque mi papá no está demasiado tiempo con mi hermana y conmigo. Nosotras nos estamos criando solas, porque él la mayoría del tiempo está trabajando. Y le preocupa más el hijo más chico y la mamá del hijo.


Folio 13

Mi Comunión fue divertida, emocionante y un poco fea, porque mi tío se quejaba del peinado, de la forma de estar, que esto y que lo otro.

Te juro ya no aguanto más, hay veces que tengo ganas de matarme, es la única manera que tendré paz. Critican todo lo que hago y dejo de hacer, cómo me visto, cómo me peino, si limpio o si no, ya estoy repodrida. Que amenazas, que golpes. Me pudrí y me arrepiento de vivir...

Me gustaría tener otra familia, yo veo otras personas que tienen más felicidad, me gustaría, pero todo el que me hace daño ya las va a pagar. Hoy casi me corto las venas y no es mentira. No me importa mi familia, lo que digan ni lo que piensen, pero yo ya no tengo vida ni paz.

¡Gracias por escucharme!


Folio 14

Un juego para reconciliarse.

Nuestro salón de alguna manera se dividió. Eso sí, los varones quedaron en el medio.

Y a la profesora de Matemática se le ocurrió un juego para amigarnos.

Nos sentamos en el centro del salón formando un círculo. La profe nos dio una bola de lana y nos dijo que se la tiremos a algún compañero y que le digamos una cosa buena y una mala.

Pero el juego no resultó y estamos igual.


Verónica S. Wiedrich

Si alguno de ustedes, queridos lectores, dispone de editorial y desea editar el libro, el mismo está en preparación, no duden en contactarse conmigo!


[1] Larrosa, Jorge  La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación, FCE, México, 2003

 

[2] Este tipo de actividades requiere una presencia constante del profesor, ya que la lectura de los cuadernos debe ser, al menos, semanal. El trabajo de leer y escribir tanto toma un tiempo considerable, que vale la pena dedicar, porque la índole de los temas (violencia familiar, intentos de suicidio, delincuencia y otros) así lo amerita. Podríamos hablar largamente sobre nuestra capacidad de actuar o de mediar cuando se nos hace depositarios secretos de semejante información, pero ésa y otras cuestiones relativas a este proyecto, exceden el presente trabajo y quedarán para una próxima ocasión.

[3] Prácticamente ninguno de mis alumnos las usaba, ni siquiera en sus nombres propios, por eso insistimos un poquito con ese aspecto, una vez que los chicos soltaron la pluma.

[4] Larrosa, Jorge  La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación, FCE, México, 2003

 

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