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Procoa, ciudad creada por Braulio Senda (de Lomas
de Zamora)
Procoa es una ciudad muy
peculiar, situada en medio de la Pampa Húmeda. Distante unos cinco
kilómetros de la ruta,
se accede a ella por un
camino de doble vía bordeado de frondosos eucaliptos.
Llama mucho la atención, su concepción urbanística. No está
configurada como un damero sino que sus manzanas son hexagonales, lo
que le confiere el aspecto de un panal de abejas. Las calles, por
supuesto, son zigzagueantes. Es pequeña;
tiene aproximadamente
doscientas manzanas en su totalidad. El centro geométrico de la
ciudad es una plaza que ocupa
toda la manzana.
Totalmente arbolada, con una gran fuente de agua rodeando un
monumento a sí misma, la ciudad,
poblada de césped, flores
y juegos para niños. Hay seis plazas más, describiendo una
circunferencia que tiene la mitad del diámetro del de la ciudad.
Todas con iguales características a la central.
Frente a la plaza, mirando al Este, el Palacio Municipal ocupa media
manzana; allí además de las oficinas municipales
propiamente dichas, se
encuentran las de todos los servicios públicos, incluyendo las
dependencias de una suerte de guardia urbana. Salvo el cuartel de
bomberos, que no es uno sino cuatro ubicados en los puntos
cardinales, todas las oficinas de
gestión comunitarias se
encuentran ahí, incluyendo el banco. El Hospital, también municipal,
ocupa el resto de la manzana.
La mitad de la que está al Oeste de la plaza, está ocupada por un
polideportivo techado y un gran anfiteatro, también
cubierto, apto para todo
tipo de actividades culturales. El resto de la manzana lo ocupa un
complejo educacional que
incluye desde el Jardín
de Infantes hasta un nivel Terciario multidisciplinario. Los
vértices de las manzanas restantes que circunvalan la Plaza, están
ocupados por una Iglesia Católica, un Templo Evangélico, una especie
de farmacia y un pequeño centro comercial.
Frente a cada una de las demás plaza, funciona una proveeduría de la
Cooperativa que dio lugar a la creación de la ciudad.
Esta es
la historia que Braulio imaginó para Procoa
Procoa es una ciudad muy peculiar, situada en medio de la Pampa
Húmeda. Distante unos cinco kilómetros de la ruta,
se accede a ella por un
camino de doble vía bordeado de frondosos eucaliptos. El acceso
desemboca en una gran
explanada donde hay un
despacho de combustible, un centro de atención al viajero y una
playa de estacionamiento.
A derecha e izquierda se
abre una avenida también de doble mano que debe ser sin duda de
circunvalación.
En el Centro de Atención hablo con un joven muy amable a quien le
expongo el motivo de mi visita.
- ¡Así que, periodista, eh!
- Así es, y lo primero que necesito es un lugar donde alojarme.
¿Dónde hay un hotel?
- No hay hoteles en Procoa. Pero en el Centro Cívico le dirán las
opciones de alojamiento de las que podrá usted disponer.
- ¿Y cómo llego al Centro Cívico?
- Estacione su auto en la playa y vuelva. Después me llena una ficha
y yo le entrego un vehículo de libre circulación. El estacionamiento
es gratuito.
La ficha era virtual y la llené desde el teclado de una computadora.
El vehículo que me entregaron era una bicicleta de
tres ruedas -triciclo,
bah- “para que lleve sus cosas cómodamente”, como me dijo Marcos, el
empleado que me atendió.
El vehículo tiene GPS,
por lo cual no podré perderme.
Llama mucho la atención, la concepción urbanística de la ciudad. No
está configurada como un damero sino que sus
manzanas son hexagonales,
lo que le confiere el aspecto de un panal de abejas. Las calles, por
supuesto, son zigzagueantes.
Es pequeña; tiene
aproximadamente doscientas manzanas en su totalidad. El centro
geométrico de la ciudad es una plaza
que ocupa toda la
manzana. Totalmente arbolada, con una gran fuente de agua rodeando
un monumento a sí misma,
poblada de césped, flores
y juegos para niños.
Frente a la plaza, mirando al Este, el Palacio Municipal ocupa media
manzana, en donde además de las oficinas municipales propiamente
dichas, se encuentran las de todos los servicios públicos, y allí me
dirigí. En la Oficina de Visitantes fui recibido
muy cordialmente y me
dieron a elegir entre una veintena de casas de familia donde me
podía hospedar el tiempo que
necesitara; lo único que
se esperaba de mí era que colaborara con los gastos diarios, nada
más. También me entregaron
un librito con la
historia de la ciudad y una credencial que me acreditaba como
visitante y periodista.
Una vez instalado, me dediqué a recorrer la ciudad sin rumbo, total,
con la tecnología en bicicleta no hay manera de
extraviarse. Los
habitantes, de todas las edades, se desplazan por las calles
arboladas en bici, monopatín, patineta, rollers
o bien, caminando. Nadie
parece tener apuro alguno. La vestimenta no difiere de la de
cualquier ciudad provinciana,
sencilla, funcional; eso
sí, se usa mucho la bombacha de campo. Me llamó poderosamente la
atención que las mujeres
no usaran sostén; sin
importar la edad, ¡no lo usan ni lo necesitan! ¿Será que el aire de
aquí es saludable al extremo
de mantener
permanentemente los bustos en posición de choque?
Durante la cena, el dueño de casa me informó que habrá una Asamblea
Extraordinaria de la Cooperativa y que estaba
invitado a asistir en
calidad de oyente. Esto me venía de maravillas para mi investigación
sobre las pequeñas ciudades
del interior, como saben
llamarlas los porteños.
La Asamblea se llevó a cabo en el Salón de Usos Múltiples, que colmó
su capacidad. Esa noche toda la población estaba presente. Sobre el
escenario, ante una sencilla mesa, se ubicaron Sol Magenta,
Presidente del consejo de Administración,
bajita, trigueña y la
mujer más enérgica que he conocido, y el Secretario de Actas
Adalberto Fervor, alto y delgado, quién imperturbable frente a su
laptop se dedicó a labrar el acta sin pedir aclaraciones ni una sola
vez. Sol Magenta hizo uso de la palabra agradeciendo la presencia de
todos, me dio la bienvenida y solicitó a la concurrencia moción y
apoyo para
constituirse en Asamblea.
Se alzaron varias manos y de inmediato pasó a explicar los motivos
de la misma.
Rómulo Abe, el fundador de la cooperativa y de la ciudad, con sus 90
años a cuestas y en plena lucidez, ha fijado la fecha
de su muerte para el
próximo sábado después del mate de la mañana. Hoy es martes y
debemos resolver sin falta el
programa de homenajes. La
Asamblea tiene la palabra.
- Yo propongo que vaya el Consejo a tomar el último mate con Don Abe
y a despedirse en nombre de todos.
- No, no, no; somos muchos. Tienen que ir tres o cuatro nada más.
- Entonces que vayan Doña Luz y el Dr. García Kurtz. También se
puede invitar al Delegado Municipal.
- ¡Si, sí, eso está bien!
- Si no hay opinión en contra, se procederá de esa manera. Quiero
aclarar que la mateada queda supeditada a la
autorización de la
familia. Don Alejandro, usted que es el mayor de los Abe, ¿qué dice?
- Y… Doña Solcito… si usted lleva los bizcochitos de grasa, estará
bien.
- ¿Aprobado? Aprobado. Por disposición explícita de Don Rómulo no
habrá velatorio; pidió ser cremado. ¿Qué más se propone?
- Propongo que el sábado se suspendan los embarques de cereales y
ganado y que nos dediquemos a meditar todo lo
que Don Rómulo hizo por
nosotros. En definitiva Procoa surgió por su iniciativa y pujanza y
la ciudad está próxima a
cumplir cincuenta años de
existencia, cincuenta años de desarrollo sustentable. Trabajando
juntos sobrevivimos a la
dictadura, al Plan
Primavera y al corralito.¡Y todo se lo debemos a él!
- ¡Apoyo la propuesta!
- ¡Y yo!
-- ¡Yo también apoyo!
- Muy bien. Apoyo de varios. Se declara entonces el próximo sábado
Día Ciudadano de Reflexión!
- ¿Más sugerencias? Tiene la palabra Adalberto Schvartz.
- Yo propongo que el domingo hagamos un gran almuerzo comunitario.
Como Jefe de Asadores pongo a disposición
de todos nuestro esfuerzo
profesional para que celebremos la vida, como a él le gustaba decir…
- No, no, no… Estoy de acuerdo con la celebración comunitaria, pero
propongo que hagamos un gran potaje de cordero
y trigo, ya que la
cosecha ha sido buena. Además lo podemos condimentar con las cenizas
de Don Rómulo en lugar de desparramarlas por los sembrados, así nos
queda algo de él a todos.
- ¿Alguien más propone algo? ¿No? Entonces tenemos que votar. Hay
dos propuestas a consideración de la Asamblea:
la de Adalberto, un gran
asado de novillo, y la de nuestra Jefa de Cocineras, Blanca Luz,
potaje de trigo y cenizas.
La moción que resultó aprobada casi por unanimidad fue la propuesta
por Doña Blanca Luz, que por otra parte es negra
como el carbón. El cura
Abadón Giménez y el pastor Atila Sotomayor de común acuerdo
propusieron oficiar una
ceremonia en el Templo el
sábado a la noche y una misa en la Iglesia el domingo a la mañana
para homenajear a
Don Rómulo, que aunque
ateo confeso era gran amigo de ambos religioso; con el cura jugaba
al truco y con el pastor al
mus.
Por supuesto que participé de todos los actos públicos. El lunes
bien temprano volví a la ruta en busca de la próxima
población, llevando en la
notebook el abundantísimo material que pude recoger sobre Procoa y
sus singulares habitantes.
Ah, me olvidaba… el potaje estuvo riquísimo.
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